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Sin nada que echarse a la boca, la niña se fue a Freetown, la capital del país, y se acostó con unos hombres que antes la habían invitado a poner un precio a su cuerpo. A partir de ese momento engrosó el ejército de esclavas sexuales africanas, niñas que son desvirgadas a veces sin haber tenido siquiera su primera menstruación. La de Aminata es una historia terrible, pero también esperanzadora, porque la niña, al cabo del tiempo, abandonó la prostitución y pudo montar una pequeña peluquería y un modesto almacén donde vende alimentos.

En la cinta se muestra el trabajo de cuatro salesianos y un centenar y medio de trabajadores sociales que se afanan por rescatar del infierno a niñas de Freetown que hacen la calle, donde también viven y duermen. Por eso nosotros ofrecemos esa oportunidad.

Como Aminata, son muchas las niñas que abandonaron sus pueblos huyendo de la orfandad que han causado la guerra, el cólera y el ébola. Cuando llegan a la ciudad sobreviven en chabolas hechas con tablas, chapa y unos cuantos harapos, cubículos que infestan Grafton y Mabella, dos barriadas de Freetown donde apenas hay luz eléctrica. Crisafulli y su gente han recorrido esas ratoneras y en ocasiones ha tenido que transigir con el 'daddy' de turno, el chulo, para sonsacarles información.

Desafortunadamente tenemos que estar en contacto con proxenetas porque son nuestros informantes. A veces uno tiene que cerrar un ojo.

A cambio sabemos los nombres y las edades de las niñas. El hecho de que extranjeros mantienen relaciones sexuales con niñas cubanas no es una noticia nueva. Durante años se vienen señalando denuncias en este sentido, y el gobierno cubano ha hecho poco —por no decir nada— para evitar que ello ocurra. Un destino relativamente barato y donde se viajaba con el objetivo de conocer una nación singular y alejada de la sociedad de consumo en que se han criado estos visitantes internacionales: Sin embargo, esta realidad no solo tiene que ver con los canadienses.

Viene ocurriendo desde hace años. Un vídeo de las niñas jugando y comiendo durante un cumpleaños. Simplemente verlo y señalar las preferidas. Si no estaban satisfechos, escoger otra. La situación llevó a un juez, Peter Singer, de la división familiar, a instar al gobierno de que introduzca leyes que detengan el comercio internacional de mujeres y niñas. Se estima que unas 1, entran al país anualmente y son obligadas a la prostitución.

Me mira y parece decirme: Se llama Barbarita, vive en el barrio de Palatino y tiene 14 años. Se sincera tras haberme mentido cuando le había preguntado la edad después de que me prometiera pagar si le compraba un par de chancletas. No, no tiene 16 ni va a cumplir Se prostituye desde los 13 años por entre dos y cuatro CUC. Su padre murió cuando tenía tres años tratando de llegar a las costas de Estados Unidos y su madre es alcohólica. No estudia desde que terminó, hace dos años, la escuela primaria.

Por la forma en que se expresa, parece improbable que haya pasado del cuarto grado. Barbarita espera esta noche a Dayana y Lisandra, dos amigas de 21 y 16 años, respectivamente, que no tardan en llegar. Las tres juntas desmienten ante mis ojos las estadísticas oficiales. Dayana y Lisandra son primas, viven en El Cerro y brindan sus servicios sexuales en la zona desde que tenían 14 años.

Dayana tiene dos hijos que mantener, de padres desconocidos pero no le da mucha importancia: La parió a los 15 y va para los 17 y el desgraciado no le ha dado ni un CUC". La Yegua explica que no podría mantener a su hija si no se dedicase a "esto".

El aumento en la llegada de turistas ha provocado un repunte en la prostitución. La entidad mostraba especial preocupación por la definición de la mayoría de edad a los 16 años, lo cual deja una franja de edad muy vulnerable a los abusos sexuales y la prostitución sin protección legal.

Pero por debajo de los 16, sigue habiendo casos de prostitución infantil. Tres días antes, en la zona wifi del Mónaco, yo había conocido a Leydis, una exuberante mulata del barrio San Pedrito, en Santiago de Cuba.

Quería que mi madre me hiciera una pequeña fiesta por mis 14 cumpleaños, la tenía loca con ello. Una semana después, se acostó con un cubano de 18 años, hijo de un empresario. Se quedó embarazada, la echaron de casa y se fue a vivir con su abuela.

Acababa de cumplir los Su hijo tiene ahora cinco años y vive en Santiago con su bisabuela.

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Aguardad bajo la sombra vegetal de vuestro rey a que cicutas y cardos y ortigas tumben postreras azoteas. Pero la sangre mojó sus pies y los espíritus inmundos estrellaban ampollas de lagunas sobre las paredes del templo. Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente ponía grises los labios redondos de los que vomitaban en las esquinas. En la cabaña del Farmer Campo de Putitas prostitutas grabadas follando. Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos gotas de sucia muerte con amargo veneno. El caballo tenía un ojo en el cuello y la luna estaba en un cielo tan frío que tuvo que desgarrarse su monte de Venus y ahogar en sangre y ceniza los cementerios antiguos. Los pañales exhalan un rumor de desierto con cítaras sin cuerdas y degolladas voces. El Cristito de barro se ha partido los dedos en los tilos eternos de la madera rota. El tren y la mujer que llena el cielo. Me mira y parece decirme:

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Era la gran reunión de los animales muertos, traspasados por las espadas de la luz; la alegría eterna del hipopótamo con las pezuñas de ceniza y de la gacela con una siempreviva en la garganta. En la marchita soledad sin honda el abollado mascarón danzaba. Medio lado del mundo era de arena, mercurio y sol dormido el otro medio.

Desfiladeros de cal aprisionaban un cielo vacío donde sonaban las voces de los que mueren bajo el guano. Cuando el chino lloraba en el tejado sin encontrar el desnudo de su mujer y el director del banco observando el manómetro que mide el cruel silencio de la moneda, el mascarón llegaba al Wall Street.

No es extraño para la danza este columbario que pone los ojos amarillos. De la esfinge a la caja de caudales hay un hilo tenso que atraviesa el corazón de todos los niños pobres. Porque si la rueda olvida su fórmula, ya puede cantar desnuda con las manadas de caballos: No es extraño este sitio para la danza, yo lo digo. Yo estaba en la terraza luchando con la luna. Enjambres de ventanas acribillaban un muslo de la noche.

En mis ojos bebían las dulces vacas de los cielos. Y las brisas de largos remos golpeaban los cenicientos cristales de Broadway. La gota de sangre buscaba la luz de la yema del astro para fingir una muerta semilla de manzana. El aire de la llanura, empujado por los pastores, temblaba con un miedo de molusco sin concha. Pero no son los muertos los que bailan, estoy seguro. Ni el Rey, ni el millonario de dientes azules, ni las bailarinas secas de las catedrales, ni constructores, ni esmeraldas, ni locos, ni sodomitas.

Paisaje de la multitud que vomita Anochecer en Coney Island. La mujer gorda venía delante arrancando las raíces y mojando el pergamino de los tambores; la mujer gorda que vuelve del revés los pulpos agonizantes.

Son los cementerios, lo sé, son los cementerios y el dolor de las cocinas enterradas bajo la arena, son los muertos, los faisanes y las manzanas de otra hora los que nos empujan en la garganta. Son los muertos que arañan con sus manos de tierra las puertas de pedernal donde se pudren nublos y postres. La mujer gorda venía delante con las gentes de los barcos, de las tabernas y de los jardines. El vómito agitaba delicadamente sus tambores entre algunas niñas de sangre que pedían protección a la luna.

Esta mirada mía fue mía, pero ya no es mía, esta mirada que tiembla desnuda por el alcohol y despide barcos increíbles por las anémonas de los muelles. Me defiendo con esta mirada que mana de las ondas por donde el alba no se atreve, yo, poeta sin brazos, perdido entre la multitud que vomita, sin caballo efusivo que corte los espesos musgos de mis sienes.

Pero la mujer gorda seguía delante y la gente buscaba las farmacias donde el amargo trópico se fija. Sólo cuando izaron la bandera y llegaron los primeros canes la ciudad entera se agolpó en las barandillas del embarcadero. New York, 29 de diciembre de Lloraba el niño del velero y se quebraban los corazones angustiados por el testigo y la vigilia de todas las cosas y porque todavía en el suelo celeste de negras huellas gritaban nombres oscuros, salivas y radios de níquel.

No hay remedio para el gemido del velero japonés, ni para estas gentes ocultas que tropiezan con las esquinas. El campo se muerde la cola para unir las raíces en un punto y el ovillo busca por la grama su ansia de longitud insatisfecha.

Fachadas de crin, de humo, anémonas; guantes de goma. Una uña que aprieta el tallo. Un alfiler que bucea hasta encontrar las raicillas del grito. Y el mar deja de moverse. El corazón salió solo. Ese marinero recién degollado. Esa brisa de límites oscuros. Ese filo, amor, ese filo. Estaban los cuatro marineros luchando con el mundo. Estaban uno, cien, mil marineros luchando con el mundo de las agudas velocidades, sin enterarse de que el mundo estaba solo por el cielo.

El mundo solo por el cielo solo. Son las colinas de martillos y el triunfo de la hierba espesa. Son los vivísimos hormigueros y las monedas en el fango. El mundo solo por el cielo solo y el aire a la salida de todas las aldeas. Cantaba la lombriz el terror de la rueda y el marinero degollado cantaba al oso de agua que lo había de estrechar; y todos cantaban aleluya, aleluya. Y estoy con las manos vacías en el rumor de la desembocadura.

No importa que cada minuto un niño nuevo agite sus ramitos de venas, ni que el parto de la víbora, desatado bajo las ramas, calme la sed de sangre de los que miran el desnudo. Lo que importa es esto: New York, 27 de diciembre de No duerme nadie por el cielo.

Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas. No duerme nadie por el mundo. No es sueño la vida. Pero no hay olvido, ni sueño: Haya un panorama de ojos abiertos y amargas llagas encendidas.

Ya lo he dicho. Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes, abrid los escotillones para que vea bajo la luna las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros. El verdadero dolor que mantiene despiertas las cosas es una pequeña quemadura infinita en los ojos inocentes de los otros sistemas. Nosotros ignoramos que el pensamiento tiene arrabales donde el filósofo es devorado por los chinos y las orugas.

Y algunos niños idiotas han encontrado por las cocinas pequeñas golondrinas con muletas que sabían pronunciar la palabra amor. Yo muchas veces me he perdido para buscar la quemadura que mantiene despiertas las cosas y sólo he encontrado marineros echados sobre las barandillas y pequeñas criaturas del cielo enterradas bajo la nieve. Pero el verdadero dolor estaba en otras plazas donde los peces cristalizados agonizaban dentro de los troncos; plazas del cielo extraño para las antiguas estatuas ilesas y para la tierna intimidad de los volcanes.

No hay dolor en la voz. Aquí sólo existe la Tierra. La Tierra con sus puertas de siempre que llevan al rubor de los frutos. Un pastor pide teta por la nieve que ondula blancos perros tendidos entre linternas sordas. El Cristito de barro se ha partido los dedos en los tilos eternos de la madera rota.

Dos hilillos de sangre quiebran el cielo duro. Los vientres del demonio resuenan por los valles golpes y resonancias de carne de molusco. Lobos y sapos cantan en las hogueras verdes coronadas por vivos hormigueros del alba. La luna tiene un sueño de grandes abanicos y el toro sueña un toro de agujeros y de agua. El niño llora y mira con un tres en la frente, San José ve en el heno tres espinas de bronce.

Los pañales exhalan un rumor de desierto con cítaras sin cuerdas y degolladas voces. La nieve de Manhattan empuja los anuncios y lleva gracia pura por las falsas ojivas. La aurora de Nueva York gime por las inmensas escaleras buscando entre las aristas nardos de angustia dibujada. La aurora llega y nadie la recibe en su boca porque allí no hay mañana ni esperanza posible.

A veces las monedas en enjambres furiosos taladran y devoran abandonados niños. Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes como recién salidas de un naufragio de sangre. Nuestro ganado pace, el viento espira Garcilaso Era mi voz antigua ignorante de los densos jugos amargos. Déjame pasar, hombrecillo de los cuernos, al bosque de los desperezos y los alegrísimos saltos. Esos perros marinos se persiguen y el viento acecha troncos descuidados.

Quiero llorar diciendo mi nombre, rosa, niño y abeto a la orilla de este lago, para decir mi verdad de hombre de sangre matando en mí la burla y la sugestión del vocablo. No, no, yo no pregunto, yo deseo, voz mía libertada que me lames las manos.

En el laberinto de biombos es mi desnudo el que recibe la luna de castigo y el reloj encenizado. Así hablaba yo cuando Saturno detuvo los trenes y la bruma y el Sueño y la Muerte me estaban buscando. Me estaban buscando allí donde mugen las vacas que tienen patitas de paje y allí donde flota mi cuerpo entre los equilibrios contrarios.

Yo no podré quejarme si no encontré lo que buscaba. Cerca de las piedras sin jugo y los insectos vacíos no veré el duelo del sol con las criaturas en carne viva. Allí todas las formas guardan entrelazadas una sola expresión frenética de avance.

Allí bajo las raíces y en la médula del aire, se comprende la verdad de las cosas equivocadas. Vuelo fresco de siempre sobre lechos vacíos, sobre grupos de brisas y barcos encallados. Tropiezo vacilante por la dura eternidad fija y amor al fin sin alba. Edem Mills, Vermont, 24 de agosto de Do you like me?

Cuando me quedo solo me quedan todavía tus diez años, los tres caballos ciegos, tus quince rostros con el rostro de la pedrada y las fiebres pequeñas heladas sobre las hojas del maíz. Stanton, hijo mío, Stanton. Mi dolor sangraba por las tardes cuando tus ojos eran dos muros, cuando tus manos eran dos países y mi cuerpo rumor de hierba.

Mi agonía buscaba su traje, polvorienta. Hay nodrizas que dan a los niños ríos de musgo y amargura de pie y algunas negras suben a los pisos para repartir filtro de rata. Porque es verdad que la gente quiere echar las palomas a las alcantarillas y yo sé lo que esperan los que por la calle nos oprimen de pronto las yemas de los dedos.

Tu ignorancia es un monte de leones. Stanton, vete al bosque con tus arpas judías, vete para aprender celestiales palabras que duermen en los troncos, en nubes, en tortugas, en los perros dormidos, en el plomo, en el viento, en lirios que no duermen, en aguas que no copian, para que aprendas, hijo, lo que tu pueblo olvida.

Cuando empiece el tumulto de la guerra dejaré un pedazo de queso para tu perro en la oficina. Y yo, Stanton, yo solo, en olvido, con tus caras marchitas sobre mi boca, iré penetrando a voces las verdes estatuas de la Malaria. Su hocico sangraba en el cielo. Su hocico de abejas bajo el bigote lento de la baba.

Un alarido blanco puso en pie la mañana. Las vacas muertas y las vivas, rubor de luz o miel de establo, balaban con los ojos entornados. Que se enteren las raíces y aquel niño que afila su navaja de que ya se pueden comer la vaca.

Arriba palidecen luces y yugulares. Cuatro pezuñas tiemblan en el aire. Que se entere la luna y esa noche de rocas amarillas: Que ya se fue balando por el derribo de los cielos yertos donde meriendan muerte los borrachos. El pueblo corría por las almenas rompiendo las cañas de los pescadores. Y croaban las estrellas tiernas. Tranquila en mi recuerdo, astro, círculo, meta, lloras por las orillas de un ojo de caballo.

Eterna en los finales de unas ondas que aceptan combate de raíces y soledad prevista, Pero el pozo te alarga manecitas de musgo. No, que no desemboca. Agua fija en un punto, respirando con todos sus violines sin cuerdas en la escala de las heridas y los edificios deshabitados.

Puede el aire arrancar los caracoles muertos sobre el pulmón del elefante y soplar los gusanos ateridos de las yemas de luz o las manzanas. En la gran plaza desierta mugía la bovina cabeza recién cortada y eran duro cristal definitivo las formas que buscaban el giro de la sierpe. Nostalgia de academia y cielo triste. Es la piedra en el agua y es la voz en la brisa bordes de amor que escapan de su tronco sangrante. Basta tocar el pulso de nuestro amor presente para que broten flores sobre los otros niños.

Para ver que todo se ha ido. Para ver los huecos de nubes y ríos. Dame tus manos de laurel, amor. Mira formas concretas que buscan su vacío. Perros equivocados y manzanas mordidas. Mira el ansia, la angustia de un triste mundo fósil que no encuentra el acento de su primer sollozo. Cuando busco en la cama los rumores del hilo has venido, amor mío, a cubrir mi tejado.

No, por mis ojos no, que ahora me enseñas cuatro ríos ceñidos en tu brazo, en la dura barraca donde la luna prisionera devora a un marinero delante de los niños. Con el hueco blanquísimo de un caballo, crines de ceniza. Plaza pura y doblada.

Mi hueco traspasado con las axilas rotas. Piel seca de uva neutra y amianto de madrugada. Toda la luz del mundo cabe dentro de un ojo. Con el hueco blanquísimo de un caballo. Rodeado de espectadores que tienen hormigas en las palabras. En el circo del frío sin perfil mutilado. Por los capiteles rotos de las mejillas desangradas.

Mi hueco sin ti, ciudad, sin tus muertos que comen. Ecuestre por mi vida definitivamente anclada. No hay siglo nuevo ni luz reciente. Sólo un caballo azul y una madrugada. El caballo tenía un ojo en el cuello y la luna estaba en un cielo tan frío que tuvo que desgarrarse su monte de Venus y ahogar en sangre y ceniza los cementerios antiguos. No importa que estés lleno de agua de mar. Yo amé mucho tiempo a un niño que tenía una plumilla en la lengua y vivimos cien años dentro de un cuchillo.

El aullido es una larga lengua morada que deja hormigas de espanto y licor de lirios. Ya vienen hacia la roca. No solloces en sueños, amigo. A Regino Sainz de la Maza Sin encontrarse. Viajero por su propio torso blanco. Así iba el aire. Pronto se vio que la luna era una calavera de caballo y el aire una manzana oscura.

Yo vi llegar las hierbas y les eché un cordero que balaba bajo sus dientecillos y lancetas. Las nubes, en manada, se quedaron dormidas contemplando el duelo de las rocas con el alba. Vienen las hierbas, hijo; ya suenan sus espadas de saliva por el cielo vacío. Por los cristales rotos de la casa la sangre desató sus cabelleras. Prepara tu esqueleto; hay que buscar de prisa, amor, de prisa, nuestro perfil sin sueño. Índice Introducción a la muerte. La luna en el mar riela, en la lona gime el viento y alza en blando movimiento olas de plata y azul Espronceda Mi corazón tendría la forma de un zapato si cada aldea tuviera una sirena.

Pero la noche es interminable cuando se apoya en los enfermos y barcos que buscan ser mirados para poder hundirse tranquilos. Si el aire sopla blandamente mi corazón tiene la forma de una niña. Si el aire se niega a salir de los cañaverales mi corazón tiene la forma de una milenaria boñiga de toro. Bogar, bogar, bogar, bogar, hacia el batallón de puntas desiguales, hacia un paisaje de acechos pulverizados. Noche igual de la nieve, de los sistemas suspendidos.

Pero no la luna. La raposa de las tabernas, el gallo japonés que se comió los ojos, las hierbas masticadas. No nos salvan las solitarias en los vidrios, ni los herbolarios donde el metafísico encuentra las otras vertientes del cielo.

Son mentira las formas. Sólo existe el círculo de bocas del oxígeno. Los insectos, los muertos diminutos por las riberas, dolor en longitud, yodo en un punto, las muchedumbres en el alfiler, el desnudo que amasa la sangre de todos, y mi amor que no es un caballo ni una quemadura, criatura de pecho devorado.

Ya cantan, gritan, gimen: Pero tu rostro cubre los cielos del banquete. Un diminuto guante corrosivo me detiene. En mi pañuelo he sentido el tris de la primera vena que se rompe. Son mentira los aires. Los insectos, los insectos solos. A Fernando Vela Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero. Debajo de las sumas, un río de sangre tierna. Un río que viene cantando por los dormitorios de los arrabales, y es plata, cemento o brisa en el alba mentida de New York.

Existen las montañas, lo sé. Y los anteojos para la sabiduría, Lo sé. Pero yo no he venido a ver el cielo. Todos los días se matan en New York cuatro millones de patos, cinco millones de cerdos, dos mil palomas para el gusto de los agonizantes, un millón de vacas, un millón de corderos y dos millones de gallos que dejan los cielos hechos añicos.

Los patos y las palomas y los cerdos y los corderos ponen sus gotas de sangre debajo de las multiplicaciones; y los terribles alaridos de las vacas estrujadas llenan de dolor el valle donde el Hudson se emborracha con aceite. Os escupo en la cara. No es el infierno, es la calle. No es la muerte, es la tienda de frutas. Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles en la patita de ese gato quebrada por el automóvil, y yo oigo el canto de la lombriz en el corazón de muchas niñas.

Óxido, fermento, tierra estremecida. San Ignacio de Loyola asesinó un pequeño conejo y todavía sus labios gimen por las torres de las iglesias. No, no, no, no; yo denuncio. Yo denuncio la conjura de estas desiertas oficinas que no radian las agonías, que borran los programas de la selva, y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas cuando sus gritos llenan el valle donde el Hudson se emborracha con aceite.

Las alegres fiebres huyeron a las maromas de los barcos y el judío empujó la verja con el pudor helado del interior de la lechuga. Los niños de Cristo dormían, y el agua era una paloma, y la madera era una garza, y el plomo era un colibrí, y aun las vivas prisiones de fuego estaban consoladas por el salto de la langosta.

Los niños de Cristo bogaban y los judíos llenaban los muros con un solo corazón de paloma por el que todos querían escapar. Pequeños dolores ilesos se acercan a los hospitales y los muertos se van quitando un traje de sangre cada día. El judío empujó la verja; pero el judío no era un puerto. Los niños de Cristo dormían y el judío ocupó su litera. Tres mil judíos lloraban en el espanto de las galerías porque reunían entre todos con esfuerzo media paloma, porque uno tenía la rueda de un reloj y otro un botín con orugas parlantes y otro una lluvia nocturna cargada de cadenas y otro la uña de un ruiseñor que estaba vivo; y porque la media paloma gemía, derramando una sangre que no era la suya.

Ya los niños de Cristo se dormían cuando el judío, apretando los ojos, se cortó las manos en silencio al escuchar los primeros gemidos. New York, 18 de enero de Porque ya no hay quien reparta el pan ni el vino, ni quien cultive hierbas en la boca del muerto, ni quien abra los linos del reposo, ni quien llore por las heridas de los elefantes. El hombre que desprecia la paloma debía hablar, debía gritar desnudo entre las columnas, y ponerse una inyección para adquirir la lepra y llorar un llanto tan terrible que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.

Los maestros enseñan a los niños una luz maravillosa que viene del monte; pero lo que llega es una reunión de cloacas donde gritan las oscuras ninfas del cólera.

Por el East River y el Bronx los muchachos cantaban enseñando sus cinturas, con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo. Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas y los niños dibujaban escaleras y perspectivas. Pero ninguno se dormía, ninguno quería ser el río, ninguno amaba las hojas grandes, ninguno la lengua azul de la playa. Por el East River y el Queensborough los muchachos luchaban con la industria, y los judíos vendían al fauno del río la rosa de la circuncisión y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados manadas de bisontes empujadas por el viento.

Pero ninguno se detenía, ninguno quería ser nube, ninguno buscaba los helechos ni la rueda amarilla del tamboril. Madanat era en realidad un jordano que confesó a los periodistas haber sido proxeneta en Miami, tener una casa en Cuba y residir durante diversos períodos en Inglaterra, a lo largo de nueve años.

Tiene nueve visas cubanas estampadas en su pasaporte y había viajado 13 veces a la Isla. Madanat había regresado a Inglaterra con su esposa cubana y cuatro hijos, y todos estaban alojados en el London Park Hotel, que albergaba unos refugiados en busca de asilo. En el lugar operaban diversas bandas dedicadas a la prostitución. El vídeo fue tomado durante el cumpleaños de una de sus hijas, en su vivienda en Cuba.

Había invitado a la fiesta a un grupo de jóvenes del pueblo y ahora usaba la cinta para promover la venta de las jóvenes como prostitutas. Niñas en edad escolar, procedentes de Cuba, Nigeria y Albania son obligadas a prostituirse en Gran Bretaña. Las encierran, golpean y les suministran drogas.

Viajan con documentos falsos. No era la primera vez que Cuba aparecía en la prensa de Inglaterra vinculada al tema de la pornografía infantil. En el juicio, celebrado en noviembre de , las autoridades inglesas mostraron su interés en conocer lo que hacía Glitter durante sus frecuentes viajes a la Isla, donde tiene una casa.

En enero de , luego de cumplir la mitad de una condena de cuatro meses por 54 cargos de posesión de pornografía infantil, Glitter, que en la actualidad reside en España, manifestó que podría trasladarse a vivir en Cuba, con lo que La Habana no sólo se mostró complacida sino que lo invitó a hacerlo. En vez de enfrentar el problema, el gobierno cubano se limita a negarlo o a limitar su alcance. Aunque existen leyes severas al respecto, no hay la voluntad de erradicar las condiciones que propician esta forma de abuso infantil, así como tampoco para poner fin a la prostitución.

En Cuba el gobierno lleva décadas practicando una política de permitir en ocasiones y reprimir en otras. La prostitución en general —y en especial la que tiene que ver con menores— nunca ha sido ajena a estos vaivenes.

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